La carrera de los 100 metros lisos es la prueba más popular del atletismo y para tener éxito en ella, aparte de disponer de una técnica de sprint muy depurada y grandes niveles de explosividad, es preciso comprender cómo es la evolución de la carrera durante todo su transcurso. Todo ello está condicionado porque es una prueba cuyo sistema metabólico predominante es principalmente el anaeróbico aláctico.
En este metabolismo el ATP, molécula necesaria para la contracción muscular de las fibras blancas o rápidas, se consigue de inmediato sin pasar por procesos intermedios ya que se sintetiza al instante a partir de los fosfatos que se encuentran almacenados en las reservas de creatina del músculo en forma de fosfocreatina. Obviamente hay un límite de efectividad en el funcionamiento de este sistema metabólico y llegará un momento en que todas estas reservas de fosfato que contiene la creatina se agoten, lo cual sucede al cabo de unos 8 a 10 segundos después de estar realizando una actividad física a máxima intensidad. Y en el caso de los velocistas de élite, este tiempo permite correr toda la distancia de 100 metros o muy buena parte de ella sacando partido de la obtención de ATP de una manera instantánea.

De esta manera, durante la carrera de los 100 metros lisos podemos distinguir las siguientes fases:
- Velocidad de reaccion
- Aceleración
- Velocidad máxima
- Resistencia a la velocidad
La fase de velocidad de reacción es la única que depende en su totalidad del sistema nervioso y se corresponde con la salida de tacos tras el disparo de salida. Consiste en la velocidad de transmisión de las señales nerviosas tras reaccionar ante un estímulo sonoro (el disparo que indica la señal de salida), con el objetivo de activar la musculatura que se demanda para que el cuerpo se ponga en locomoción. Esta transmisión nerviosa ocurre en dos sentidos:
- Primero a nivel sensorial, viajando la señal desde los receptores del órgano del oído hasta la corteza cerebral;
- Y segundo a nivel motor, viajando desde la corteza cerebral la señal que da la orden de que se contraigan los músculos diana.
El estímulo también puede ser visual en el caso de un jugador que se pone a acelerar en el contexto de un deporte de equipo como el fútbol americano o el baloncesto.
La velocidad de reacción tiene un componente genético muy alto por el detalle de depender completamente del buen funcionamiento del sistema nervioso. Por esta razón, aunque es posible entrenar este tipo de velocidad, su margen de mejora es muy estrecho.
Tener una buena velocidad de reacción es muy importante para conseguir un buen arranque e inicio rápido de aceleración, pero no es el factor que más peso tiene para determinar el éxito en la carrera de 100 metros lisos. De hecho, el mejor velocista de todos los tiempos, Usain Bolt, no siempre se caracterizaba por ser de los competidores con una rápida velocidad de reacción.
La fase de aceleración es la más importante de toda la prueba de los 100 metros lisos y consiste en aumentar la velocidad lo más rápido posible, pasando desde una situación de posición estática sobre los tacos hasta alcanzar la velocidad máxima que el atleta puede desarrollar. En velocistas amateurs la aceleración ocurre en torno a los primeros 40 metros de distancia, pero en el caso de los velocistas de élite llega a durar hasta los primeros 60 metros.
En la fase de velocidad máxima el velocista alcanza su pico máximo de velocidad una vez que ya apenas deja de seguir acelerando. En esta fase el atleta corre casi a una velocidad constante en forma de meseta que se mantiene en torno a unos 20 metros.
La fase de resistencia a la velocidad se caracteriza porque inevitablemente en el último tramo de la prueba se produce una pérdida de velocidad que ocurre en forma de deceleración o aceleración negativa. En el caso de los velocistas de élite la disminución de la velocidad tiene lugar a partir de los 80 metros de distancia y es más leve si se compara con velocistas aficionados, por lo que no les supone un gran impacto en el desarrollo de la carrera. Cabe destacar que en el caso de Usain Bolt, que como todos también pasa por esta fase de reducción de la velocidad, ésta apenas es perceptible que casi se podría decir que no existe y es capaz de llegar a la meta prácticamente a la velocidad máxima que ha alcanzado.
A partir de este análisis sobre todas las fases de las que se caracteriza la evolución de la carrera de los 100 metros lisos, se puede sacar como principal conclusión que lo que interesa es maximizar lo máximo posible la fase de velocidad aceleración y minimizar lo máximo posible la fase de resistencia a la velocidad. Es así como un velocista conseguirá rendir con la máxima eficacia en toda la carrera. Y así es como sucede en el caso de los velocistas de élite.



Doha Stadium Plus Qatar from Doha, Qatar, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons


Y ya para ir terminar este artículo, comentaré dos situaciones específicas para complementar todo lo anterior.
En el caso de las pruebas de velocidad de 200 y 400 metros lisos, tras pasar los 100 primeros metros de distancia, el sistema metabólico energético que predomina pasa a ser el anaeróbico láctico o glucólisis anaeróbica, como consecuencia de haberse agotado todos los fosfatos almacenados en la creatina. En este tipo de vía metabólica se sintetizan dos moléculas de ATP y se genera lactato y H+ como subproductos, siendo estas últimas moléculas las responsables de alterar el ambiente en el músculo y que aparezca progresivamente la sensación de fatiga. La síntesis de ATP ocurre tras una serie de reacciones intermedias, por lo que convierte a la glucólisis anaeróbica en una ruta metabólica más lenta, pero no tanto como en el caso de la glucólisis aeróbica.

Zen, CC BY-SA 2.5, via Wikimedia Commons
Correr a velocidad alta no es algo que sólo ocurre en el atletismo. En muchos deportes de equipo también los deportistas tienen que poner en marcha esta habilidad como consecuencia de las exigencias de las diferentes situaciones de juego. La principal diferencia con respecto a la carrera de 100 metros lisos es que, aparte de que el inicio del arranque ocurre en posición de pie y la trayectoria no siempre es lineal, no se dan todas las fases descritas anteriormente. El hecho de que las distancias de la pista de juego no sean lo suficientemente largas no permite que se desarrollen todas las fases de la carrera de velocidad. Tan sólo la velocidad de reacción y la velocidad aceleración. Por eso, los practicantes de estos deportes deben centrarse en entrenar más la capacidad de acelerar y no la velocidad máxima porque ésta última nunca va a tener lugar en la competición. Otro detalle que cabe destacar es que en los deportes colectivos y de situación se realizan muchas aceleraciones en todo el tiempo que dura el juego, lo que implica que los jugadores deben desarrollar la capacidad de acelerar en condiciones de fatiga sin que se llegue a maximizar la pérdida calidad en esta habilidad con el paso del tiempo.


Referencias bibliográficas:
- Baggett, K. (2006). The Ultimate No-Bull Speed Development Manual.
- Hansen, T. (2012). The Speed Encyclopedia. Reno Speed School.


Leave a comment